Alfred Newman

AGUADOR (Gunga Din)

Persona que vende y distribuye agua entre la población. Durante siglos fue una ocupación muy popular, cuando el suministro de agua corriente no estaba generalizado. Se reunían en las principales fuentes de las ciudades para abastecerse de agua y distribuirla a las casas de los compradores o venderla por la calle. De variada tipología, ha quedado noticia de aguadores que además de agua corriente, vendían aguas aromatizadas y refrescos. (Wikipedia)

«El aguador está para repartir sorbos de fama, la sed es inmensa, la aridez aplana la callejuela donde tarda la primavera.»
Margarita García Alonso (1959-) Periodista, poeta y artista visual cubana

GUNGA DIN (Gunga Din) – 1939

gunga

Director George Stevens
Guion Ben Hecht, Charles MacArthur, Joel Sayre y Fred Guiol
Fotografía John H. August
Música Alfred Newman
Productora RKO
Nacionalidad Estados Unidos
Duración 117m. B/N
Reparto Cary Grant, Douglas Fairbanks Jr., Victor McLaglen, Sam Jaffe, Joan Fontaine, Eduardo Ciannelli, Montagu Love, Robert Coote.

«Hannibal estaba loco. César estaba loco. Napoleón, sin duda, era el más loco de todos. Desde épocas inmemoriales, así llaman a todos los grandes soldados del mundo. ¿Loco? Veremos cuánta sabiduría hay en mi locura, pues ésta es apenas la crecida que antecede a la inundación»

La ascendiente carrera de George Stevens se afianzó con esta emblemática epopeya colonialista, anclada en la memoria como uno de los filmes de aventuras más celebrados y carismáticos de los años treinta. El argumento, inspirado en el poema homónimo de Rudyard Kipling y aderezado con elementos de la novela Soldiers three del mismo autor, relataba las peripecias en la India de un vivaz y desafiante terceto de sargentos del ejército británico, que, acompañados de un abnegado aguador indígena, sacaban partido de su camaradería viril para hacer frente a una rebelde y temible secta de adoradores de la diosa Kali, los ‘tags’. Una sucesión de impulsivos y acrobáticos momentos cómicos unidos a secuencias realmente espectaculares -como la batalla final, donde llegaron a intervenir casi un millar de extras- servirían para enaltecer el Imperio Británico y, de paso, justificar el costosísimo presupuesto conferido por la RKO. Magnífico terceto protagonista, cuyos papeles dicen que se asemejaban mucho a sus personalidades en la vida real.

Otras películas protagonizadas por algún AGUADOR

El lazarillo de Tormes – César Fernández Ardavín (1959)
The waterboy (El aguador) – Frank Coraci (1999)
La miel de las morojas – Jorge Vivianco (2009)

CELOS (Que el cielo la juzgue)

Respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada preste atención en favor de otra. También se conoce así al sentimiento de envidia hacia el éxito o posesión de otra persona (…) Los celos mal llevados al extremo constituyen una patología fuertemente autodestructiva, generalmente denominada celotipia; quien padece esta enfermedad «vive» en un estado de infelicidad, en función de sus miedos y sospechas de engaño, muchas veces completamente infundados y prácticamente no acepta otra condición de verdad que no sean las evidencias que confirman su inseguridad en la relación. Los celos patológicos pueden manifestarse indistintamente en hombres o mujeres. Los celos causan mucha angustia e infelicidad y aún provocar el daño al ser objeto del celo, incluso hasta provocar una respuesta física de agresión desmedida terminando, en la reclusión (secuestro), en el asesinato o agresión física. (Wikipedia)

“Ni siquiera la prueba de lo absurdo de sus sospechas podrá consolar al celoso, porque los celos son la enfermedad de la imaginación”
Vicente Aleixandre (1898-1984) Poeta español

QUE EL CIELO LA JUZGUE (Leave her to heaven) – 1945

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Director John M. Stahl
Guion Jo Swerling
Fotografía Leon Shamroy
Música Alfred Newman
Producción 20th Century Fox
Nacionalidad Estados Unidos
Duración 111m. Color
Reparto Gene Tierney, Cornel Wilde, Jeanne Crain, Vincent Price, Mary Phillips, Guy Beach, Gene Lockhart, Ray Collins, Darryl Hickman.

«De los siete pecados capitales, los celos es el peor de todos»

El guionista Jo Sweling alteró drásticamente su agradable y benévola disposición melodramática con esta adaptación de la novela homónima de Ben Ames Williams, que John M. Stahl convirtió en una intriga pasional, sobrecogedora e irrefutablemente superlativa para confirmarse definitivamente como uno de los más insignes cultivadores del género. La deslumbrante y maravillosa Gene Tierney ingresaba por méritos propios en la ilustre galería de ofuscadoras ‘femme fatales’ al encarnar a la egoísta, malvada y enloquecida esposa de un joven escritor, carcomida por los celos y dispuesta incluso a asesinar para preservar su extremado sentido de la posesión amorosa. La película cimentaba su tremebundo y descabellado dramatismo en una perspicaz graduación psicoanalítica de la compleja personalidad de la protagonista y en la impactante resolución de determinadas secuencias, que, evidentemente, causaron una auténtica conmoción en el momento de su estreno. El inflamable romanticismo visual de su autor quedaría afianzado por la magistral fotografía en espacios naturales de Leon Shamroy.

Otras películas sobre los CELOS

Otelo – Orson Welles (1952)
El infierno – Claude Chabrol (1994)
Celos – Vicente Aranda (1999)

TORERO (Sangre y arena)

Persona que tiene mayor protagonismo en los espectáculos de corridas de toros. Su tarea es conducir repetidamente las embestidas del toro de forma que resulte estéticamente vistosa, medirlo en la suerte de capote, dirigirlo a la pica, colocarle las banderillas, templarlo en la suerte de muleta y finalmente causarle muerte mediante la utilización de una espada llamada estoque de muerte. (Wikipedia)

“Ésta es una profesión de reglas, sobre todo de las antiguas, y pocos se atreven a romperlas. El respeto a los mayores, o la admiración, o la inercia, pues no sé, nos hacen permanecer estancados. De tarde en tarde sale un torero revolucionario, pero sólo de tarde en tarde”
José Tomás (1975-) Torero español

SANGRE Y ARENA (Blood and sand) – 1941

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Director Rouben Mamoulian
Guion Jo Swerling
Fotografía Ray Rennahan y Ernst Palmer
Música Alfred Newman
Producción 20th. Century Fox
Nacionalidad Estados Unidos
Duración 123m. Color
Reparto Tyrone Power, Rita Hayworth, Linda Darnell, John Carradine, Anthony Quinn, Laird Cregar, Alla Nazimova, Fortunio Bonanova, Ann Todd.

“He arrastrado mi cuerpo por la sangre y la arena de cientos de ruedos. Ya es el final. Sólo lamento una cosa, de veras: no haber aprendido a leer y a escribir. La miseria me obligó a renunciar a la educación. Sin embargo, hago responsable a todo el mundo de mi ignorancia”

Fulgurante remake del clásico silente firmado por Fred Niblo sobre la novela homónima de Blasco Ibánez que superaba con creces las obvias virtudes de su precedente, erigiéndose en uno de los títulos más acreditados y glamourosos cosechados en el Hollywood de principios de los cuarenta. Mamoulian no se limitaría a narrar con formidable precisión la célebre vulnerabilidad sentimental de un torero andaluz (felizmente esposado con el amor de su infancia) ante el libidinoso halo sensual de una aristócrata ninfómana, sino que aplicó como nadie las posibilidades cromáticas del incipiente Technicolor como recurso melodramático, inspirándose para ello en obras pictóricas de Velázquez o El Greco. Las escenas taurinas poseían un realismo inusual, probablemente debido a la supervisión técnica de Budd Boetticher (confeso aficionado a la denominada ‘fiesta nacional’ española) y las interpretaciones resultaron tan espléndidas como decisivas: Tyrone Power ofreció una meritoria réplica anacrónica de Rodolfo Valentino, mientras que Rita Hayworth catapultó hasta lo más alto su irresistible gancho concupiscente.

Otras películas en las que el personaje protagonista ejerce como TORERO

Torero – Carlos Velo (1956)
El espontáneo – Jorge Grau (1964)
El momento de la verdad – Francesco Rosi (1965)

MONZÓN (Vinieron las lluvias)

Viento estacional que se produce por el desplazamiento del cinturón ecuatorial. En verano los vientos soplan de sur a norte, cargados de lluvias. En invierno, son vientos del interior que vienen secos y fríos. Especialmente en el océano Índico y el sur de Asia. El monzón del suroeste que arranca de la costa de Kerala, en la India, comienza generalmente en la primera quincena de junio. (Wikipedia)

«Un Neruda aburrido, sofocado por el tedio de un Oriente que lo ataca con el bramido del viento monzón, el clima enervante, siente que esa comarca extranjera no se le entrega y lo exilia, al revés de las mujeres de vestido morado, que sí se entregan y lo desexilian» (libro Fragmentos del eslabón perdido: historia de una apóstata)
Volodia Teitelboim (1916-2008) Abogado, político y escritor chileno

VINIERON LAS LLUVIAS (The rains came) – 1939

vinieron

Director Clarence Brown
Guion Philip Dunne y Julien Josephson
Fotografía Arthur Miller
Música Alfred Newman
Producción 20th. Century Fox
Nacionalidad Estados Unidos
Duración 100m. B/N
Reparto Myrna Loy, George Brent, Tyrone Power, Brenda Joyce, Maria Ounspenskaya, Jane Darwell, Joseph Schildkraut, Henry Travers

«Mira, en Ranchipur, las cosas importantes en la vida son las cosas elementales, como las cosechas, el hambre y el clima. En Europa, cuando alguien dice ‘Parece que llueve’, con toda probabilidad, está tratando de entablar una conversación educada. Pero aquí, donde las personas mueren tan fácilmente como nacen, están hablando en términos de vida y muerte. Verás lo que quiero decir, si todavía estás aquí cuando lleguen las lluvias.»

Si bien no acostumbra a figurar entre las mejores producciones norteamericanas de 1939, año habitualmente considerado como el más fructífero de la historia del cine hollywoodiense en cuanto a la calidad artística de sus títulos, esta adaptación del best-seller homónimo de Louis Bromfield merece ser destacada por la maestría con la que Clarence Brown manejó una exótica historia de pasiones dentro del esquema tradicional del cine de catástrofes, tan en boga en la segunda mitad de los treinta. Así pues, el romance entre una fogosa aristócrata británica y un cirujano hindú en una India colonial en vísperas del monzón compartía menú con una ensalada de calamidades varias (inundaciones, terremotos o, incluso, epidemias de cólera), condimentada con esmero gracias a los prominentes efectos especiales de Edmund H. Hansen y Fred Sersen. El encanto de esta generosa producción de Darryl F. Zanuck, espléndidamente fotografiada e interpretada, continúa eclipsando hoy en día la mediocre versión en Eastmancolor y Cinemascope dirigida por Jean Negulesco, LAS LLUVIAS DE RANCHIPUR (1955).

Otras películas azotadas por el MONZÓN

Isle of forgotten sins – Edgar G. Ulmer (1943)
La boda del Monzón – Mira Nair (2001)
Monsoon Shootout – Amit Kumar (2013)

PLENITUD (El filo de la navaja)

Cualidad de pleno (…) cuando algo o alguien se encuentran en apogeo, es decir, se hallan en su momento o punto más alto e intenso de rendimiento, de felicidad, entre otras alternativas (…) Básicamente, la plenitud implica disponer de equilibrio, calma, amor, decisión, e integridad, valores que justamente son los que nos ayudarán a conseguir aquello propuesto, a mantenerlos y también a ir por más si es la idea que se plantea. (definicionabc.com)

“El amor es la meta más elevada y esencial a la que puede aspirar el ser humano…la plenitud de la vida humana está en el amor y se realiza a través de él.”
Viktor Frankl (1905-1997) Neurólogo y psiquiatra austríaco

EL FILO DE LA NAVAJA (The razor’s edge) – 1946

filo

Director Edmund Goulding
Guion Lamar Trotti
Fotografía Arthur C. Miller
Música Alfred Newman
Producción 20th. Century Fox
Nacionalidad Estados Unidos
Duración 146m. B/N
Reparto Tyrone Power, Gene Tierney, Anne Baxter, Herbert Marshall, Clifton Webb, John Payne, Elsa Lanchester, Lucille Watson.

«Si alguna vez adquiero sabiduría, supongo que seré lo bastante sabio para saber qué hacer con ella.»

Adaptación del relato homónimo de William Somerset Maugham, producida por Samuel Goldwyn, sobre la experiencia vital de un excombatiente en la Gran Guerra, que, con el propósito de erradicar su desasosiego anímico, opta por renunciar al confortable escenario material propuesto por su amada para emprender un viaje en busca de su plenitud espiritual por parajes tan dispares como el París suburbano o las luminosas cimas del Himalaya. Edmund Goulding sorteó la viable melifluidad anexa a esta parábola sobre la fe y el amor al prójimo a través de una deleitable y equilibrada conjunción de glamour, pasión y pesadumbre. Beneficiada de un reparto irrepetible, en el que resaltaba la belleza de una Gene Tierney vestida por su esposo Oleg Cassini o la contribución de secundarios de lujo como Herbert Marshall (hilo conductor del relato en el papel del propio Maugham), Clifton Webb o Anne Baxter, como una mujer neurótica y depresiva con una irreprimible tendencia etílica. En 1984, John Byrum perpetraría un remake decididamente inferior con la presencia de un inadecuado Bill Murray como protagonista.

Otras películas sobre la PLENITUD ESPIRITUAL

La palabra – Carl Th. Dreyer (1955)
Fresas salvajes – Ingmar Bergman (1957)
Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera – Kim Ki-Duk (2003)