ESTUPIDEZ (Rompiendo las olas)

Estado mental de las personas torpes, faltas de inteligencia, sin lógica en su decir y en su accionar. El término constituye un adjetivo que se utiliza en forma subjetiva para calificar despectivamente a una persona que puede tener una deficiencia mental, o bien cometer un error comportándose con torpeza. La estupidez tiene la peculiaridad de ser un proceso normal pero disfuncional del aprendizaje, que ocurre en base a conductas excesivas o mal adaptadas. http://quesignificado.com/estupidez/

“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”
Bertrand Russell (1872-1970) Matemático y filósofo británico

ROMPIENDO LAS OLAS (Breaking the waves) – 1996

waves8

Director Lars Von Trier
Guión Lars Von Trier y Peter Asmussen
Fotografía Robby Müller
Música Joachim Holbeck
Producción Argus Film/La Sept Cinema/Trust Film Svenska/Liberator Prod./Northern/October Films/Zentropa
Nacionalidad Dinamarca/ Suecia/ Holanda/ Francia/ Noruega
Duración 159m. Color
Reparto Emily Watson, Stellan Skarsgard, Katrin Cartlidge, Jean-Marc Barr, Mikkel Gaup, Adrian Rawlins, Jonathan Hackett, Udo Kier.

“Dios permite que todos hagamos una cosa bien. Yo siempre he sido estúpida, pero esto se me da bien. Dios da una habilidad a cada uno”

Renunciando a las experimentaciones estilísticas exhibidas en sus primeros largometrajes, Von Trier optó por perpetrar este solemne y perturbador melodrama espiritual como preludio del entonces embrionario Dogma 95 e inicio de la trilogía Corazón Dorado, rematada con LOS IDIOTAS (1998) y BAILANDO EN LA OSCURIDAD (2000), sobre distintos procesos de sacrificio afectivo con protagonismo femenil. La sobrecogedora historia de amor, dependencia patológica y abnegación ilimitada que brota a principios de los años setenta en una ascética comunidad costera escocesa entre una joven de candorosa inestabilidad mental y un obrero empleado en una plataforma petrolífera devenía una lúcida y exhaustiva parábola sobre la bondad extrema e irracional, que evolucionaba de un súbito, estratégico y desestabilizador planteamiento fotografiado cámara en mano a una exhibición de pasiones y sentimientos, rebosante de connotaciones religiosas y sobrenaturales, hasta culminar en un antológico epílogo de raíces dreyerianas. Cabe resaltar el prometedor y asombroso debut intepretativo de Emily Watson, así como una original estructura en capítulos separados por relajadoras postales melódicas.

Otras películas con protagonistas afectados de cierta ESTUPIDEZ

La Strada – Federico Fellini (1954)
El profesor chiflado – Jerry Lewis (1963)
El guateque – Blake Edwards (1968)

12 comments

  1. Hace bastantes años que no la veo y tengo ganas de revisarla. Recuerdo esa división en capítulos, con esas imágenes congeladas acompañadas cada una de ellas de bellas canciones de los setenta. Si no me falla la memoria sonaba “Child in time” de Deep Purple, por ejemplo. Un autor siempre interesante, Trier.
    Un saludo.

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    1. No te falla la memoria, Luis. En concreto, los temas que se escuchaban en aquellas bellísimas postales eran (por orden de los capítulos): ‘All the way from Memphis’ de Mott the Hoople (1), ‘In a broken dream’ de Rod Stewart (2), ‘Cross-eyed Mary’ de Jethro Tull (3), ‘A whiter shade of pale’ de Procol Harum (4), ‘Suzanne’ de Leonard Cohen (5), ‘Goodbye yellow brick road’ de Elton John (6), ‘Child in time’ de Deep Purple (7) y ‘Life on Mars’ de David Bowie (8). Un saludo.

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    1. Muy difícil. De hecho, nunca olvidaré la noche que la vi en una sesión de cine-club. Estuve todo el viaje de vuelta en coche aturdido, dándole vueltas a lo que acababa de presenciar. Incluso me costó conciliar el sueño intentando asimilar el efecto catártico de aquella experiencia fílmica. Sí, probablemente el adjetivo ‘perturbador’ define la sensación que te produce su visionado, pero también sería aplicable al resto de la filmografía de Lars Von Trier. Un abrazo, Anna.

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  2. ¿Qué puede decirse de esta película perturbadora, hermosísima y sorprendente? Pues que Lars Von Trier se la planteó –eso resulta evidente– casi como un remake de “ORDET” de Dreyer, pero optando, con inteligencia, por una puesta en escena totalmente alejada de la del maestro danés. Aquí, la elección narrativa de una nerviosa cámara al hombro convierte la operación en un reportaje “en vivo” que establece vínculos de absoluta proximidad con la historia y sus personajes sorprendidos a veces en la más conmovedora intimidad, causando en nosotros el portentoso efecto de que la película no existe como tal. ¿Estamos allí?.
    Anuladas las distancias y, por lo tanto, la perspectiva, la comunión entre director, heroína (maravillosa expresividad de la actriz Emily Watson) y espectador, se establece sin que este último llegue a cuestionarse en ningún momento (al igual que en la serena obra maestra de Dreyer) los contenidos del film, que tal vez puedan resultar inadmisibles para algunos racionalistas o, quién sabe! incluso blasfemos para otros (¿puede la fé y el ejercicio del sexo delegado producir milagros?). La película, que se estructura dramaticamente en seis capítulos separados por eleboradísimas y significativas postales, derrocha una desarmante valentía que roza lo suicida en ese anonadante plano “celestial”, difícil de olvidar, que cierra el film. En suma, un emocionante y arriesgado desafío cinematográfico (a contrapelo de la actual tenden­cia hacia lo facilón y homologador) cuyo visionado nos deja extasiados y agradecidos.

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  3. No suelo recuperarme de los films de Von Trier con facilidad, pero mientras ésta la vi hace bastante tiempo, difuminé con el tiempo, y no recuerdo el por qué no debería volver a verla (que así lo haré) eso de la abnegación ilimitada, el sacrificio afectivo, incluso la estupidez a la que haces referencia en la definición (” La estupidez tiene la peculiaridad de ser un proceso normal pero disfuncional del aprendizaje, que ocurre en base a conductas excesivas o mal adaptadas.”) es el por qué nunca más he podido revisionar (ni me atrevo a hacerlo) Bailar en la oscuridad…mi corazón, ni mi bilis, no aguantarían una segunda vez tal desgarro e impotencia chillando a la pantalla…Y precisamente por eso, adoro Dogville (bendita venganza al vampirismo real, no el de colmillos)

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    1. Las tres películas a las que aludes en tu mensaje son perturbadoras y lacerantes, como casi todo el cine de este controvertido realizador danés. Probablemente sea ‘Rompiendo las olas’ la que más me impactó en su día, pero reconozco que las que más me incomodaron fueron otras dos que, precisamente, no has citado: “Los idiotas” y ‘Nymphomaniac’. Un abrazo.

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