ISLA DE CAPRI (El desprecio)

Isla de Italia localizada en el mar Tirreno, en el lado sur del golfo de Nápoles, frente a la península Sorrentina. Ha sido un lugar de célebre belleza y centro vacacional desde la época de la antigua república romana. Administrativamente, la isla pertenece a la Ciudad metropolitana de Nápoles, en la región de Campania. La isla tiene una superficie de 10,36 km², y un perímetro aproximado de 17 km. El accidente más elevado es el monte Solaro (589 metros) (…) La isla tiene dos municipios: Capri y Anacapri. Las características principales de la isla son retratadas en las postales: la Marina Piccola (puerto pequeño), el Belvedere de Tragara, que es un elevado paseo panorámico sembrado de villas, los macizos calizos que destacan del mar (los “Faraglioni”), Anacapri, la Gruta Azul (Grotta Azzurra). Sobre todo están las ruinas de las villas romanas. https://es.wikipedia.org/wiki/Isla_de_Capri

“Capri, reina de roca, en tu vestido de color amaranto y azucena viví desarrollando la dicha y el dolor; la viña llena de radiantes racimos que conquisté en la tierra”
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno

EL DESPRECIO (Le mépris) – 1963

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Director Jean-Luc Godard
Guión Jean-Luc Godard
Fotografía Raoul Coutard
Música Georges Delerue
Producción Rome Paris Films/Les Films Concordia/Champion
Nacionalidad Francia/ Italia
Duración 103m. Color
Reparto Brigitte Bardot, Michel Piccoli, Jack Palance, Giorgia Moll, Fritz Lang, Linda Veras, Jean-Luc Godard.

“En este mundo moderno hemos de aceptar lo que otros quieren. ¿Por qué el dinero determina lo que hacemos, lo que somos o seremos? ¿Por qué el dinero es tan importante? ¿Incluso en nuestras relaciones amorosas?”

La inspiración elegantemente emocional de Godard se hallaba en su máximo esplendor cuando generó esta adaptación libre de la novela Il disprezzo de Alberto Moravia, que por su cadenciosa, rupturista y clarividente simbiosis de modernidad y clasicismo, pasó a inscribirse de inmediato entre las obras más insignes de su filmografía. El engendramiento de una versión cinematográfica de La Odisea de Homero rodada por el mismísimo Fritz Lang (que se encarnaba a sí mismo con una imponente distinción) junto a la convulsa e insalvable crisis conyugal entre el dramaturgo a quien encargan el guión y su atractiva esposa, configuran los dos ejes vitales sobre los que gira este exuberante y sincrónico entramado polifónico destinado a exteriorizar los sentimientos más inescrutables de su autor por medio de una subyugante perfección formal y una intuitiva espontaneidad dramática. La subyugante fotografía de Coutard, favorecida por el imponente entorno de la isla de Capri, la utilización del imperecedero Thème de Camille del maestro Delerue y un sublime reparto liderado por una estupenda Bardot redondearon esta perspicaz alegoría filosófica sobre la concomitancia entre el cine y la vida real.

Otras películas ambientadas en la ISLA DE CAPRI

Capri – Melville Shavelson (1960)
La historia de San Michele – C.Capitani y R.Jugert (1962)
La mujer maldita – Joseph Losey (1968)

6 comments

  1. En “EL DESPRECIO”, Godard nos habla sobre el complicado mecanismo mental de una mujer, sobre los muy sensibles y casi siempre inextricables resortes de su sensibilidad, sobre ese inesperado “click” que salta en el cerebro de Camille trastocando el amor hacia su esposo Paul en desprecio cuando en un determinado instante percibe su interesada ausencia de celos (formidable y compleja secuencia de Bardot, Piccoli y Palance en los patios de Cinecittá con ella subiendo finalmente al Alfa Romeo de Prokosch). Al mismo tiempo, a través de la presencia de Fritz Lang en la película interpretando a ese director de cine incomprendido y saboteado por un brutal productor hollywoodense que solo cree en el dinero (el que gasta y el que pretende ganar), Godard reflexiona también sobre la creación artística sometida a los coartantes criterios de una concepción industrial de ese arte.
    Sobran en “EL DESPRECIO” –en la humilde opinión de quien esto escribe– algunos diálogos y frases de naturaleza “filosófica” (la extraña cita de Hölderlin, los paralelismos homéricos). Brigitte Bardot, en cambio, está hermosísima y muy bien dirigida, aportando, eso sí, los imprescindibles desnudos (muy bien integrados) para no defraudar las expectativas tanto del público (mayormente masculino) de la época como de los productores que arriesgaban su dinero en el proyecto. Michel Piccoli, cuyo personaje, ese guionista que se pasea por la película sin atender ni comprender a su esposa y con la conciencia de estar vendiéndose por dinero, efectúa un trabajo excelente y consigue que detestemos a ese Paul Javal que en su aparente indolencia esconde una buena dosis de inseguridad y la incomodante sensación rayana en lo masoca de no estar a la altura de las circunstancias cuando comprende que está perdiendo a su esposa.

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    1. Así es, hay pocas películas que aborden con tanta precisión la inextricable complejidad de la psique femenina como lo hace este poderoso deleite cinematográfico, tanto en su aspecto visual, sonoro o emocional. Extraordinario comentario, Teo. Un abrazo.

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