PIRATA (Viento en las velas)

Individuo dedicado a realizar robos y secuestros en embarcaciones. Los piratas, por lo tanto, son criminales que actúan en alta mar y que abordan barcos con fines delictivos. Los piratas antiguos constituían un gran peligro para los Estados ya que la navegación era el medio de transporte más habitual para unir grandes distancias y llegar a otros continentes. Las cargas de los barcos que atravesaban los océanos eran tesoros muy preciados para estos delincuentes. http://definicion.de/pirata/

“Creo que todos tenemos un pirata dentro de nosotros. Nos traslada a cuando éramos niños y queríamos ser piratas, karatekas o cowboys. Tiene que ver con la libertad, la rebelión y el sentimiento de no tener responsabilidades”
Johnny Depp (1963-) Actor y productor estadounidense

VIENTO EN LAS VELAS (A high wind in Jamaica) – 1965

viento

Director Alexander MacKendrick
Guión Stanley Mann, Roland Harwood y Dennis Cannan
Fotografía Douglas Slocombe
Música Larry Adler
Producción 20th Century Fox
Nacionalidad Gran Bretaña/ Estados Unidos
Duración 106m. Color
Reparto Anthony Quinn, James Coburn, Deborah Baxter, Dennis Price, Nigel Davenport, Lila Kedrova, Gert Fröbe, Isabel Dean, Ben Carruthers.

“Tenemos una tripulación supersticiosa en este barco. Quieren abandonar a los niños en la primera isla. Dicen que mientras estén a bordo, estamos malditos”

Delicada y emotiva adaptación de la brillante novela A high wind in Jamaica de Richard Hughes, donde el capcioso poder de las apariencias, la compleja indeterminación de la inocencia infantil o la incapacidad para sortear las paradojas del azar ejercían como factores determinantes a la hora de encauzar el peculiar e insensible enfrentamiento psicológico que aflora en la relación de convivencia entre unos facinerosos piratas y la media docena de niños que han raptado en su trayecto desde las Antillas hacia Inglaterra. MacKendrick volvió a poner de manifiesto su singular e ingeniosa mordacidad estilística al tratar con persistente sutileza, vigor y sensibilidad este clarividente estudio del misterioso universo de la infancia, embellecido por una espléndida fotografía en Cinemascope de Douglas Slocombe y unas magníficas interpretaciones, con una Deborah Baxter sobresaliente en la piel de una niña que conquista el corazón del inspirado Anthony Quinn. Sin duda alguna, una de las películas más amargas, cáusticas y reflexivas en la historia del subgénero de aventuras piratescas.

Otras películas de PIRATAS

El capitán Blood – Michael Curtiz (1935)
El temible burlón – Robert Siodmak (1952)
Capitán Phillips – Paul Greengrass (2013)

6 comments

  1. La especial sensibilidad de Alexander Mackendrick, su gusto por el detalle y sus dotes de observación (costumbres y comportamiento de todos los tripulantes de la embarcación pirata bajo la atenta y fascinada mirada de los niños, la compleja relación de Chávez con la pequeña Emily), la ternura y lucidez con que se acer­ca a sus criaturas fílmicas, tienen su traducción en un estilo cálido, reposado y sereno, con la aparente sencillez narrativa que sólo han poseído los grandes maes­tros. Precisamente esta humanista aproximación a sus criaturas, el afectivo alineamiento con el mundo que ellas representan empujaron a un Mackendrick consecuente y algo desencantado (“VIENTO EN LAS VELAS”, en mi opinión su gran obra maestra, sería su penúltima realización por un prematuro cese profe­sional) a imprimir una considerable dosis de amargura a la película. Y así, en su final, no podemos alegrarnos cuando los pequeños son “rescatados” para la socie­dad cruel e hipócrita de la que fueron arrebatados. Cuando ya todo ha pasado, cuando los piratas “recibieron su merecido”, vemos a Emily (sensacional Deborah Baxter), aseada y bien vestida, interrumpiendo sus juegos en un parque londinense para contemplar durante unos segundos, nostálgica y entristecida, un pequeño velero de juguete que un niño hace “navegar” por las aguas de un estanque.
    Os aseguro que cada vez que regreso a esta película, cuando pasados unos minutos tras su final consigo reponerme de la intensa emoción que me produce su visionado, siento unos deseos irreprimibles de subirme encima de la butaca o de abrir la ventana de mi salón para gritar ¡Viva Alexander Mackendrick!

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