FANGO (Django)

Lodo glutinoso que se forma generalmente con los sedimentos térreos en los sitios donde hay agua detenida. (RAE)

“Para nadar en la abundancia hay que arrastrarse en el fango”
Miguel Mateos (1954-) Cantante, compositor y músico de rock argentino

DJANGO (Django) – 1966

Director Sergio Corbucci
Guion Sergio Corbucci y Bruno Corbucci
Fotografía Enzo Barboni
Música Luis Enrique Bacalov
Producción B.R.C. Produzione/Tecisa
Nacionalidad
Italia/ España
Duración 93m. Color
Reparto Franco Nero, Loredana Nusciak, Eduardo Fajardo, José Bódalo, Ángel Alvarez, Rafael Vaquero, Luciano Rossi, Remo De Angelis.
* Rocky Roberts – Django

“Te advierto que por aquí una palabra es poco y dos son demasiadas”

Un misterioso excombatiente yanqui llega arrastrando un ataúd y con su silla de montar al hombro a un fangoso poblado fronterizo, donde acabará poniendo de manifiesto su impávida amoralidad y presteza con el gatillo para medrar con ánimo vengativo y redentor entre los fanáticos racistas y los guerrilleros mexicanos que dilapidan sus ansias de poder pugnando por la supremacía local. Tanto Sergio Corbucci como Franco Nero saltaron a la fama gracias a este categórico ‘spaghetti’ western, dedicado a la memoria del insigne guitarrista de jazz Django Reinhardt, que, a partir de un prólogo cargado de fuerza, osadía y extravagancia, planteaba una sórdida e inverosímil apología a la violencia de grisácea estética hiperrealista, homenajeada en DJANGO DESENCADENADO (2012) por Quentin Tarantino, quien ya recurrió a ella con anterioridad para emular una de sus más cruentas escenas con el célebre corte de oreja de RESERVOIR DOGS (1992). Mención especial para la banda sonora de Luis Bacalov, cuyo pegadizo tema principal era interpretado por el cantante estadounidense Rocky Roberts.

Otras películas anegadas por el FANGO

El salario del miedo – H.G. Clouzot (1953)
Senderos de gloria – Stanley Kubrick (1957)
La isla mínima – Alberto Rodríguez (2014)

Un comentario

  1. Seamos honestos: si todos los actores tuvieran el rostro de William H. Macy o el de Steve Buscemy, el spaghetti western nunca habría existido. Fueron necesarios rostros pétreos como el de Franco Nero, o el de Clint Eastwood, o el de Lee Van Cleef, o el de Charles Bronson para que ese género despegara del polvoriento suelo almeriense y alcanzase las nevadas cúspides del Olimpo cinematográfico. Y aunque parezca prosaico, en el fondo el Séptimo Arte le debe todo eso a la forma de un cráneo.

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